La inspiración viene en cualquier momento y en días grises la visión de la vida cambia.
Pensando, te das cuenta de muchas cosas. Miras atrás y ves todo lo que estaba y que ahora ya no está, personas que pensabas que durarían para siempre y ya no existen, amigos que te juraron lealtad y te acabaron traicionando, personas que pensaste que estarían de paso y se quedaron permanentes en tu vida. Momentos dolorosos que nos gustaría olvidar pero que no podemos porque la herida todavía nos escuece, momentos felices que siempre recordaras como viejas anécdotas, que cuando expliques a otros, te arrancaran una sonrisa de los labios. La vida es así nos da lo mejor y lo peor de nosotros mismos, nos da lo que más deseamos y al instante nos lo arrebata, nos hace llorar y nos hace creernos invencibles.
Sobrevivimos a base de esperanzas, que nosotros mismos creamos para sobrellevar el peso de nuestra propia existencia. En momentos de tristeza, de decepción, de llorera, de no quererse a uno mismo, es cuando la vida más nos pone a prueba, somos humanos, diseñados para amar y sufrir en silencio por nuestros propios errores. Para vivir la vida hay que ser luchador, no rendirse, no mirar atrás, deleitarse de los pequeños momentos que te regala y simplemente disfrutar de lo que tenemos. No sirve de nada pensar demasiado, ni amargarse por circunstancias pasajeras porque estas, son las que hacen que te pierdas esos pequeños detalles que hacen de la vida algo nuevo y fascinante. Así que levanta la cabeza, mira al cielo y sonríe, porque estas vivo, y eso significa poder disfrutar de cada persona que te rodea, poder saborear un buen café mientras lees un libro, quizás encontrar al amor de tu vida, mirándote y recordándote que si vives, es para no morir.
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